Consejos para cuidar el motor en Sudamérica: nuestra experiencia con el diésel

Viajar por Sudamérica en una furgoneta o vehículo es una aventura única: montañas infinitas, rutas solitarias y pueblos perdidos en el mapa. Pero también es un viaje que pone a prueba cada parte de tu vehículo.

Uno de los grandes desafíos que encontramos en el camino fue la calidad y composición del combustible diésel, que cambia muchísimo de un país a otro. En buena parte del continente, el diésel tiene mayor contenido de azufre que el que se vende en Europa, lo que puede afectar a los motores diseñados para cumplir con normativas Euro 4, Euro 5 o Euro 6. Esto significa más residuos en el sistema de inyección, mayor riesgo de fallos en la EGR, los inyectores o el filtro de partículas (DPF).

Después de recorrer miles de kilómetros, fuimos aprendiendo —a veces a base de errores— cómo proteger el motor y evitar averías por combustible de baja calidad. Estos son algunos consejos de las cosas más importantes que aprendimos en el camino.


1. No apurar el tanque hasta el final

Parece un detalle menor, pero no dejar que el tanque llegue al mínimo puede evitar varios problemas. Cuando el nivel de combustible baja demasiado, el sistema puede absorber los sedimentos, impurezas o agua que se acumulan en el fondo del depósito con el tiempo. Eso termina pasando al filtro o incluso a la bomba, y en un motor diésel moderno puede causar fallos caros de reparar.

Por eso, siempre intentamos repostar cuando queda alrededor de un cuarto del tanque. Además, en zonas rurales o de montaña, donde las estaciones pueden quedar a cientos de kilómetros, mantener un margen de seguridad es esencial. Un tanque bajo también favorece la condensación de agua, sobre todo si hay cambios bruscos de temperatura (algo muy común entre la cordillera y la costa).

2. Instalar un separador de agua o decantador

Una de las mejores decisiones que tomamos fue instalar un separador de agua (o decantador) en la línea de combustible. El diésel en algunos países de Sudamérica puede contener cierta cantidad de agua o impurezas por una mala manipulación o almacenamiento prolongado en tanques viejos.

El agua en el diésel no solo provoca corrosión y óxido dentro del sistema, sino que también puede dañar los inyectores o la bomba de alta presión. En los motores europeos, que trabajan con sistemas de inyección muy precisos, esto puede ser fatal.

Colocamos el decantador entre el tanque y el filtro principal, y lo revisamos periódicamente para purgar el agua acumulada. Es una instalación sencilla, pero te da mucha tranquilidad, especialmente cuando cargas en estaciones poco confiables o en pueblos pequeños donde no hay rotación constante de combustible.

3. Elegir bien dónde repostar

No todas las estaciones ofrecen diésel de buena calidad, y en Sudamérica esto se nota mucho. Gracias a varios locales aprendimos a observar pequeños detalles que marcan la diferencia:

  • Si hay camiones o buses repostando, es una buena señal: significa que el combustible se renueva constantemente.

  • Si la estación pertenece a una marca reconocida o estatal, suele tener controles más estrictos.

  • Si el surtidor parece viejo, gotea o tiene un aspecto descuidado, mejor seguir hasta la próxima.

Además, siempre que podemos repostamos en ciudades o pueblos grandes, donde hay mayor demanda y rotación. Algunas marcas que nos funcionaron bien y que suelen ofrecer combustible confiable son:

  • ANCAP (Uruguay)

  • YPF y Axion (Argentina)

  • COPEC (Chile)

  • Shell (Brasil y Paraguay)

En algunos países existen versiones “premium” o “euro” del diésel (como YPF Infinia Diesel o Copec Diesel Pro), con menor contenido de azufre (10 ppm). Vale la pena pagar un poco más si tu vehículo es europeo o si llevas sistemas de inyección sensibles.

4. Llevar un bidón con diésel de reserva

Tener un bidón de combustible de reserva nos salvó más de una vez, especialmente en zonas como la Patagonia argentina o el altiplano chileno, donde las distancias entre estaciones son enormes.

Llevamos un bidón homologado, ya que en varios países no permiten llenar recipientes no certificados por seguridad. También intentamos no almacenar el diésel durante demasiado tiempo, porque puede degradarse y formar bacterias si hay humedad.

Además, el bidón nos da una alternativa si dudamos de la calidad de una estación: podemos usar nuestro propio combustible de reserva y evitar cargar en lugares sospechosos.

5. Usar aditivos

Durante los primeros meses del viaje notamos tirones, pérdida de potencia y humo más oscuro de lo normal. Investigando, supimos que podía deberse a inyectores sucios o diésel con bajo índice de cetano.

Desde entonces, empezamos a usar aditivos de forma preventiva, y fue una mejora notable. Los aditivos ayudan a mantener limpios los inyectores, mejorar la combustión y proteger las partes internas del sistema.

👉 Pero ojo: tampoco hay que abusar: usarlos en exceso puede ser contraproducente. Lo ideal es hacerlo cada cuatro o cinco tanques, o cuando se noten síntomas como tirones, arranques difíciles o humo excesivo.

Algunos tipos que vale la pena llevar:

  • Limpiadores de inyectores: eliminan residuos y mejoran la pulverización del combustible.

  • Mejoradores de cetano: útiles si el motor se siente más forzado o ruidoso, especialmente en altura o con combustible de baja calidad.

  • Antibacterianos: evitan la formación de algas o bacterias en el tanque, algo que ocurre si el vehículo pasa mucho tiempo parado.

  • Anticongelantes: necesarios si viajas por zonas frías, como el sur de Chile o la cordillera andina.

6. Cambiar los filtros de combustible con más frecuencia

En Sudamérica, el polvo, el viento y las carreteras de ripio son parte del paisaje. Todo eso hace que los filtros de combustible y aire se ensucien mucho más rápido de lo habitual.

Por eso, preferimos cambiar los filtros antes de lo que indica el fabricante (10.000 kms) y siempre llevamos uno o dos repuestos en la furgoneta. Es una de esas piezas pequeñas que pueden marcar la diferencia entre seguir viaje o quedarte tirado en medio de la nada.

Un filtro limpio no solo mejora la eficiencia, también reduce el esfuerzo de la bomba y mejora el arranque en frío. Además, cambiarlo uno mismo no es complicado, y hacerlo en ruta puede ahorrarte tiempo y dinero.


Viajar por Sudamérica con un vehículo diésel europeo requiere algo más de atención, pero no es motivo para preocuparse. Con un poco de prevención y algunos hábitos simples, es totalmente posible recorrer el continente sin problemas.

Conducir con suavidad, mantener los filtros en buen estado, usar aditivos y elegir bien dónde repostar son gestos sencillos que alargan la vida del motor y te evitan averías costosas.

Al final, no se trata solo de mecánica, sino de conocer tu vehículo, escuchar cómo responde y aprender a adaptarte al entorno.

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