Cómo arrancar un motor en frío y en altura: consejos prácticos para viajeros

Viajar con un vehículo en regiones de montaña o en climas fríos tiene una magia especial: paisajes nevados, cielos despejados y la tranquilidad de lugares donde pocos llegan. Pero esas mismas condiciones que nos encantan pueden convertirse en un desafío cuando llega el momento de arrancar el motor a primera hora de la mañana. Tanto el frío extremo como la altura influyen directamente en el funcionamiento de los motores, ya sean de gasolina o diésel, y entender qué sucede es clave para evitar contratiempos.

En este artículo te contamos algunos trucos y consejos que hemos ido aprendiendo en ruta, ya sea a base de errores propios o de hablar con mecánicos expertos.


El impacto del frío y la altura en el motor

En climas muy fríos, todo se vuelve más lento: el aceite del motor se espesa, lo que dificulta la lubricación, y las baterías pierden eficacia, reduciendo su capacidad de entregar energía al motor de arranque. En el caso de los motores diésel, aparece un problema añadido: la parafina. El gasóleo contiene hidrocarburos que, a bajas temperaturas, cristalizan y forman una especie de cera que obstruye los filtros e impide que el combustible fluya con normalidad hacia los inyectores.

La altura, en cambio, afecta por la falta de oxígeno. A mayor altitud, menor presión atmosférica, lo que complica la combustión dentro del motor. En motores de gasolina, esto se traduce en una pérdida de potencia bastante evidente, mientras que en los diésel se nota especialmente en los arranques, donde la mezcla aire–combustible no siempre consigue encenderse a la primera.

Diferencias entre gasolina y diésel

Cada tipo de motor responde de manera distinta. Los motores de gasolina suelen arrancar mejor en temperaturas bajas, aunque a gran altitud sufren caídas de rendimiento notables. Los diésel, en cambio, son más eficientes en consumo y resistentes en largas distancias, pero mucho más sensibles al frío y a la calidad del combustible.

Un tema controvertido es la mezcla de un pequeño porcentaje de gasolina en el diésel para evitar la gelificación. En motores antiguos o sin inyectores de alta presión, añadir una pequeña proporción de gasolina al depósito puede ayudar a mantener el gasóleo fluido en climas muy fríos, y era una práctica común en zonas rurales de montaña. Sin embargo, en vehículos modernos con sistemas de inyección más delicados puede provocar daños graves. Hoy en día lo más recomendable es recurrir a aditivos anticongelantes específicos, pensados para cumplir esa función sin riesgos añadidos.

Además, en algunos lugares donde el frío extremo es habitual, existen gasolineras que ya venden combustible con estos aditivos incorporados, por lo que no siempre es necesario añadirlos manualmente. Conviene informarse antes de repostar para saber si el combustible disponible ya viene preparado para bajas temperaturas.

Cómo facilitar el arranque en frío

La preparación empieza antes de girar la llave. Mantener la batería en buen estado es importante: una batería vieja puede funcionar en verano, pero en invierno y en altura no tendrá la fuerza suficiente. También es aconsejable dejar que las bujías de precalentamiento en los diésel trabajen varias veces antes de intentar arrancar, aumentando así la temperatura en la cámara de combustión.

En zonas muy frías, el uso de sistemas auxiliares puede ayudar mucho. Existen mantas calefactoras que mantienen el cárter y el aceite a temperaturas razonables durante la noche, evitando que el motor se endurezca demasiado. En países donde es habitual el frío extremo, muchos vehículos disponen de block heaters que se enchufan a la red eléctrica para precalentar el motor durante la noche. Otra solución práctica son los calentadores de combustible, diseñados para impedir que el gasóleo cristalice en el filtro.

Una vez que el motor consigue encender, conviene dejarlo funcionar unos minutos al ralentí antes de iniciar la marcha, para que los líquidos circulen y todo alcance la temperatura adecuada. Arrancar y salir de inmediato en frío aumenta el desgaste interno y puede acortar la vida útil del motor.

Consejos en altura

Arrancar en altura requiere algo de paciencia y planificación. Lo ideal es precalentar el motor siempre que se pueda y evitar consumos innecesarios de la batería mientras está parado: luces interiores, calefacciones auxiliares o dispositivos de carga restan energía que puede ser crucial para el encendido.

También es recomendable llevar siempre repuestos básicos: un filtro de combustible de recambio, cables de arranque, un aditivo anticongelante y, si es posible, un arrancador portátil.

Errores frecuentes

Uno de los errores más comunes es insistir una y otra vez cuando el motor no arranca. Eso solo consigue agotar la batería y forzar el motor de arranque. Lo mejor es esperar unos minutos, revisar las posibles causas y probar de nuevo con calma.


Conclusiones

Viajar en zonas frías y de gran altitud exige preparación extra. El  combustible diésel es más delicado que la gasolina en estas condiciones, pero con buenos hábitos se puede evitar la mayoría de problemas:

  • Revisa siempre la batería antes de salir.

  • Lleva anticongelante para diésel y, si puedes, un calentador o manta térmica.

  • No abuses del motor al arrancar en frío: deja que coja temperatura.

  • Infórmate del tipo de combustible que se vende en cada zona.

Conocer cómo reacciona tu motor en estas condiciones y aprender de la experiencia en ruta te permitirá viajar con más seguridad y confianza. Al final, esta experiencia te enseña más que cualquier manual.

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