Ilha Grande: el paraíso sin coches 

Si hay un lugar en Brasil que te obliga a bajar el ritmo, es Ilha Grande. Aquí no hay carreteras, no hay coches y el ritmo lo marcan tus piernas o los barcos que salen del puerto. Es un sitio donde la selva atlántica llega literalmente hasta la orilla del mar.


Cómo llegar y logística

Como os contamos en el post de la Costa Verde, la aventura en furgoneta termina en el continente. Nosotros dejamos la camper en un parking en Conceição de Jacareí y desde allí tomamos el barco que te lleva hasta Vila do Abraão en apenas 30 minutos.

👉 Un consejo: no hace falta que busquéis el transporte por separado. En la mayoría de los parkings del pueblo suelen ofrecerte un «pack» que ya te incluye el precio del parking por los días que quieras estar más los billetes del barco. Sale a cuenta, te olvidas de jaleos y te ahorras la cola al llegar al muelle.

Una vez desembarcas, llegas a Abraão, que es el corazón de la isla. Es un pueblo con mucho encanto donde están todas las posadas, los restaurantes y, lo más importante, el punto de inicio de casi todos los senderos que recorren la isla (trilhas).

Explorando los alrededores de Abraão

No hace falta irse muy lejos para empezar a ver descubrir la isla. Nada más llegar, puedes calentar las piernas con estas dos paradas:

  • Praia Preta: A pocos minutos andando del pueblo. Se llama así por su arena oscura, casi negra, que contrasta con el agua cristalina. Es el sitio perfecto para el primer chapuzón.

  • El Acueducto: Siguiendo el mismo camino, te encuentras con las ruinas de un antiguo acueducto de piedra del siglo XIX que se levantó para abastecer de agua dulce al antiguo hospital de cuarentena de la isla, hoy en día engullido por la vegetación. Es una zona muy fresca y sombreada, ideal para cuando el sol aprieta.

Trilhas que os recomendamos

La isla está cosida por senderos. Algunos son paseos y otros son un poco más desafiantes:

  • Cachoeira da Feiticeira: Una caminata de intensidad media que te lleva hasta una cascada de unos 15 metros de altura. Lo mejor es el baño en la poza de agua dulce antes de seguir hacia la playa de la misma zona.

  • Pico do Papagaio: Esta es la joya de la corona para los que quieran buenas vistas de la isla. Es la segunda cima más alta de la isla y tiene una forma muy característica de pico de loro. Es una subida dura, pero desde arriba tienes una panorámica de 360 grados de toda la isla y el continente. Lo ideal es subir al amanecer; el sol aquí no perdona y a media mañana el calor ya se hace bastante pesado.
  • Praia de Abraãozinho: Si buscas algo más relajado, este sendero por la costa te lleva a una playa de aguas muy tranquilas y poco profundas, perfecta para echar el día sin palizas.

Playas que te dejan con la boca abierta

  • Lopes Mendes: Considerada una de las mejores playas de Brasil. No hay construcciones, no hay chiringuitos, solo kilómetros de fina arena blanca. Se llega tras una trilha de unas 2-3 horas o en barco hasta la playa vecina (Pouso) y luego un corto paseo.

  • Dois Rios: Famosa porque aquí estaba el antiguo presidio de la isla. Es una playa de mar abierto, con mucha fuerza, y tiene la curiosidad de que en un extremo desemboca un río y en el otro otro (de ahí el nombre). 

Experiencias en el agua

  • Bioluminiscencia en canoa: Fue, sin duda, una de las experiencias más brutales del viaje. Salimos de noche, en una larga canoa hawaiana (Va’a) y, al remover el agua con los remos o simplemente metiendo las manos, el plancton empezó a brillar. Es una sensación difícil de explicar si no lo ves, pero es lo más parecido a estar nadando entre estrellas.
  • ¿Tours organizados? A veces no queda otra. Aunque siempre intentamos movernos por libre, la isla es enorme y hay rincones a los que sólo puedes llegar por mar. Nosotros hicimos el de Islas Paradisíacas, que te lleva a sitios como la Praia do Dentista o las Ilhas Botinas, donde el snorkel es de otro planeta. Hay otras opciones como el de Isla Completa o Media Isla, dependiendo de cuántas horas quieras pasar en el barco. Siendo sinceros, son tours muy turísticos y los barcos suelen ir bastante llenos, pero si tienes tiempo, valen la pena. Los paisajes y el color del agua que ves son espectaculares y compensan el agobio de la gente. Además, en cada parada suelen dejarte un rato para que bajes del barco y vayas a descubrir la isla a tu bola.

Vida nocturna y comida

Abraão tiene muchísima vida cuando cae el sol. El centro se llena de mesas en la misma arena de la playa, música en directo y muy buen rollo. Pero si hablamos de comida, lo que os recomendamos probar sí o sí es:

  • Peixe com Banana: Es el plato típico de la zona. Aunque la mezcla pueda sonar rara al principio, el contraste del pescado fresco con el plátano es brutal. Es un sabor muy tradicional que te acaba enganchando.

  • Sacolés: Son unos helados artesanales que vienen en bolsitas de plástico. Los venden por la calle y son la salvación para el calor de las caminatas. El de coco y el de maracuyá fueron nuestros favoritos; de hecho, lo convertimos en nuestra costumbre diaria al terminar cualquier ruta.
  • Pasteis: Son las empanadillas fritas típicas brasileñas, pero gigantes y muy rellenas. Es la cena perfecta después de un día de trilha cuando no te apetece ni moverte. Además, en muchos sitios las puedes pedir a domicilio y te las traen directamente a donde estés. Nuestras favoritas, sin duda, fueron las de camarón con gorgonzola.

Si estás planeando una ruta por esta zona, puede interesarte este otro artículo sobre nuestro recorrido por el resto de la Costa Verde.

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