Si eres como nosotros antes de cruzar su frontera, es probable que este país sea un gran interrogante en tu mapa de Sudamérica. Es el gran olvidado, el que muchos viajeros se saltan en la típica ruta andina. Nosotros mismos lo admitimos: no sabíamos muy bien qué esperar. ¿Otro país de selva? ¿Una extensión de sus vecinos más famosos? La respuesta, como descubrimos kilómetro a kilómetro en nuestra furgoneta, es un rotundo «no».
Paraguay es un país con una personalidad arrolladora, una identidad forjada a fuego lento entre el orgullo guaraní y una historia tan trágica como fascinante. Es el país del tereré compartido en la calle, de la sopa que es un bizcocho y de un bilingüismo que no es de postureo, sino del día a día.
Así que aparca los prejuicios, sírvete un mate (o mejor, un tereré) y acompáñanos a descubrir esas curiosidades de Paraguay que nos dejaron con la boca abierta y que lo convierten en uno de los destinos más auténticos y sorprendentes que hemos pisado.
1. Es un país realmente bilingüe: el guaraní se habla más que el español
Una de las primeras cosas que te chocan al llegar a Paraguay es el idioma. Sí, los carteles oficiales y la administración usan el español, pero en la calle, en el mercado, en la radio del autobús… lo que se oye es guaraní. Paraguay es uno de los poquísimos países del mundo con dos idiomas oficiales, pero lo increíble es que, según los censos, más del 80% de la población habla guaraní, y muchos de ellos lo usan como primera lengua en su día a día.
Nuestra experiencia con el bilingüismo
Recuerdo perfectamente estar en un pequeño taller mecánico en las afueras de Asunción intentando explicar un ruido raro de la furgo. El mecánico, un señor mayor encantador, hablaba con su hijo en guaraní a una velocidad de vértigo. Nosotros, que con el español nos defendemos en toda Sudamérica, nos sentimos completamente perdidos. Era como si hubiésemos cruzado una frontera invisible a otro mundo. Al final, con señas y risas, nos entendimos.
Este bilingüismo crea una mezcla curiosa llamada «jopara», que es una fusión de español y guaraní en la misma frase. Palabras como «tranquilopa» (tranquilo nomás) o «vamos na» (vamos pues) son el pan de cada día. Es un símbolo de identidad tan fuerte que sobrevivió a siglos de colonización. Para entender más sobre la importancia de este idioma, puedes visitar la web de la Academia de la Lengua Guaraní.
2. El corazón (aislado) de Sudamérica
Geográficamente, Paraguay está justo en el centro del continente, lo que le ha valido el apodo de “el corazón de Sudamérica”. Pero este corazón no tiene salida al mar, lo que históricamente ha marcado su economía, su política y su carácter. Está encajonado entre gigantes como Brasil y Argentina, y la más inestable Bolivia.
Esta mediterraneidad lo ha hecho más introvertido, más enfocado en sus ríos (el Paraguay y el Paraná son sus autopistas al mundo) y quizás, más desconocido para el turismo masivo que busca playas oceánicas. Para nosotros, que viajamos en furgo, esta ubicación central fue una ventaja logística increíble para saltar de Brasil a Argentina, pero también sentimos ese carácter de «isla rodeada de tierra» en su cultura, más pausada y singular.
3. No tiene mar, pero tiene playas que te sorprenderán
Aquí viene la paradoja. Un país sin mar… ¿con playas? ¡Pues sí! Y no hablamos de una orillita de río con barro. En ciudades como Encarnación, a orillas del gigantesco río Paraná, han construido una costanera espectacular con playas de arena fina que en verano se llenan de gente como si estuvieras en el Mediterráneo.

Nosotros llegamos a Encarnación en pleno septiembre y el calor era asfixiante. Aparcar la furgo cerca de la Playa San José y darnos un chapuzón en el río fue una salvación. El ambiente es familiar, con chiringuitos, música y gente tomando tereré. Es una estampa surrealista y maravillosa que desmonta cualquier idea preconcebida sobre un país sin costa.
4. El tereré: mucho más que una bebida, un ritual social
Si en Argentina y Uruguay la religión es el mate, en Paraguay el dios es el tereré. Es la misma yerba mate, pero la diferencia fundamental es que se ceba con agua helada. Pero reducirlo a eso sería un sacrilegio. El tereré es un acto social, una excusa para la conversación y un remedio para el calor sofocante del país.

Verás a todo el mundo, a todas horas, con su termo forrado en cuero bajo el brazo y la guampa (el recipiente, a menudo de cuerno de vaca) en la mano. Lo más fascinante es el añadido de los “yuyos” o poha ñana (hierbas medicinales en guaraní). En cualquier mercado hay puestos enteros dedicados a vender mezclas de hierbas para el dolor de cabeza, el estómago o simplemente para refrescar.
La primera vez que nos ofrecieron tereré, no sabíamos muy bien cómo actuar. Pero la regla es simple: se agradece, se bebe todo el contenido hasta que la bombilla hace ruido, y se devuelve la guampa al cebador para que prepare la siguiente ronda. Es un gesto de bienvenida y confianza. Su importancia cultural es tal que la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2020.

5. La «sopa paraguaya» que en realidad es un bizcocho salado
Esta es una de las curiosidades de Paraguay que más nos divirtió. Llegas a un restaurante, ves en el menú «sopa paraguaya» y, con el calor que hace, piensas: «uff, qué valientes estos paraguayos comiendo sopa caliente». La pides por curiosidad y te traen… ¡un trozo de bizcocho!
La sopa paraguaya es un delicioso pastel salado hecho a base de harina de maíz, queso, cebolla, leche y huevos. Es contundente, sabroso y el acompañamiento perfecto para un asado.
La leyenda cuenta que la cocinera de Carlos Antonio López (presidente en el siglo XIX) se pasó con la harina de maíz al preparar la sopa de maíz favorita del mandatario. Para no tirar la comida, metió la mezcla al horno y el resultado fue este «bizcocho». Para no meterse en líos, se lo presentó como una «sopa sólida», y al presidente le encantó. Verdad o no, la anécdota es genial y el plato es una maravilla que tenéis que probar.
6. La represa de Itaipú: una bestia de la ingeniería que parte la luz con Brasil
En la frontera con Brasil, sobre el río Paraná, se encuentra una de las obras de ingeniería más impresionantes del planeta: la represa hidroeléctrica de Itaipú. Durante décadas fue la más grande del mundo en generación de energía (ahora la supera la de las Tres Gargantas en China), pero su tamaño sigue siendo difícil de asimilar.

La presa es tan gigantesca que tiene su propio microclima. La energía que genera se reparte a partes iguales entre Paraguay y Brasil. Lo curioso es que Paraguay consume solo una pequeña parte de su 50%, así que le vende el excedente a Brasil, convirtiéndose en uno de sus principales ingresos.
Visitarla es una experiencia alucinante. Hay tours gratuitos que te llevan por el interior y el exterior de la presa, y te sientes como una hormiga al lado de esas turbinas y muros de hormigón. Es una parada obligatoria si estás en la zona de Ciudad del Este. Puedes consultar los horarios y tipos de visita en la web oficial de Itaipú Binacional.
7. La guerra más sangrienta de Sudamérica que casi borra a Paraguay del mapa
Esta es la parte más oscura y trágica de la historia paraguaya. Entre 1864 y 1870, Paraguay se enfrentó a la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) en una guerra de una brutalidad inimaginable. Las causas son complejas, pero las consecuencias fueron devastadoras.
Paraguay perdió más de la mitad de su población total. Las estimaciones más dramáticas dicen que falleció cerca del 90% de su población masculina adulta. El país quedó en ruinas, perdió enormes porciones de su territorio y tardó décadas en recuperarse demográfica y económicamente. Este trauma colectivo sigue muy presente en la memoria del país y ayuda a entender el fuerte sentimiento nacionalista y de resiliencia del pueblo paraguayo. Podéis leer más sobre este conflicto en la página de Wikipedia sobre la Guerra de la Triple Alianza.
8. La chipa: la obsesión nacional que se vende hasta en los semáforos
Si el tereré es la bebida nacional, la chipa es el snack nacional por excelencia. Es un panecillo hecho con almidón de mandioca (yuca), queso, huevo y anís, que le da un sabor muy característico. Son deliciosos, adictivos y, a menudo, sin gluten.
Lo increíble de la chipa no es solo su sabor, sino su omnipresencia. En las estaciones de autobuses y en las carreteras, verás a las «chiperas»: mujeres con canastas gigantes en la cabeza que se suben a los buses o se acercan a los coches en los peajes gritando «¡Chipa, chipa!».
Para nosotros, en la furgo, la chipa se convirtió en el desayuno o la merienda perfecta para los días de ruta. Comprar una bolsita de chipas recién hechos a una chipera en mitad de la carretera es una de esas pequeñas experiencias que te conectan de verdad con el país.
9. El Pantanal también es paraguayo (y es salvajemente increíble)
Casi todo el mundo asocia el Pantanal, el humedal más grande del mundo, con Brasil. Pero una parte significativa de este paraíso de la biodiversidad se extiende por el norte de Paraguay, en el llamado Gran Pantanal.
Esta zona es mucho menos turística y accesible que su contraparte brasileña, lo que la convierte en un destino perfecto para los que buscamos aventura y naturaleza en estado puro. Aquí se pueden avistar caimanes, capibaras, anacondas y una cantidad de aves que marea. Explorar el Pantanal paraguayo requiere planificación y, preferiblemente, un vehículo 4×4 (nuestra furgo sufrió un poco en algunos tramos), pero la recompensa es una conexión total con un ecosistema salvaje y solitario.
10. El arpa paraguaya: la banda sonora del país
La música paraguaya tiene un sonido inconfundible, y gran parte de la culpa la tiene su instrumento estrella: el arpa paraguaya. A diferencia de las arpas clásicas, esta tiene un sonido más brillante y percusivo, y es la protagonista de géneros como la polca paraguaya (más rítmica y alegre) y la guarania (más lenta y melancólica).

11. Ciudades gemelas: donde cruzar la frontera es como cruzar la calle
Las fronteras en Paraguay son un mundo aparte. En varios puntos del país, las ciudades paraguayas se fusionan de tal manera con las de los países vecinos que es difícil saber dónde termina una y empieza la otra.
El caso más famoso y caótico es Ciudad del Este (Paraguay) con Foz do Iguaçu (Brasil). El Puente de la Amistad que las une es un hervidero de gente, motos y coches a todas horas. Miles de personas lo cruzan a diario para trabajar o para comprar, ya que Ciudad del Este es una gigantesca zona franca llena de productos electrónicos y de todo tipo. Para un europeo acostumbrado a controles fronterizos estrictos, ver ese flujo de gente sin apenas vigilancia es impactante.

Otras fronteras similares son Encarnación con Posadas (Argentina), unidas por un puente con un tren internacional, o Pedro Juan Caballero con Ponta Porã (Brasil), donde una simple calle sirve de frontera.
12. Asunción, la «Madre de Ciudades» que vio nacer a otras capitales
Asunción, fundada en 1537, es una de las ciudades más antiguas de Sudamérica. Pero su apodo, «Madre de Ciudades», no es por su edad, sino por su papel clave durante la colonización. Desde Asunción partieron las expediciones que fundaron (o refundaron) otras ciudades importantísimas del continente, incluyendo Buenos Aires, Santa Cruz de la Sierra y Corrientes.

Hoy, Asunción es una capital tranquila, a veces destartalada, pero con un centro histórico con edificios coloniales preciosos y un ambiente relajado que invita a pasear. A nosotros nos gustó perdernos por sus calles, descubrir el Palacio de los López, el Panteón de los Héroes y, sobre todo, sentir el ritmo pausado de una capital que no tiene las prisas de sus vecinas.

13. El Chaco Paraguayo: el 60% del país donde solo vive el 2% de la gente
Y por último, la joya de la corona para los aventureros: el Chaco. Paraguay está dividido por el río Paraguay en dos grandes regiones: la Oriental, donde vive más del 97% de la población, y la Occidental o Chaco, que ocupa el 60% del territorio nacional pero está prácticamente deshabitada.
El Chaco es una llanura inmensa, semiárida, calurosa y salvaje. Es una de las últimas fronteras de Sudamérica. Conducir por la Ruta Transchaco es una experiencia en sí misma: kilómetros y kilómetros de rectas infinitas, polvo, y una sensación de soledad abrumadora. Aquí se encuentran las curiosas colonias menonitas, comunidades de origen europeo muy cerradas que han creado oasis de prosperidad agrícola en medio de la nada. Es un Paraguay completamente diferente, más duro y exigente, pero increíblemente auténtico.
Curiosidades de Paraguay: datos prácticos para recorrerlo en furgoneta
Recorrer Paraguay en furgo es una gozada por la amabilidad de su gente y la facilidad para pernoctar. Aquí te dejamos una tabla resumen con lo que necesitas saber.
| Concepto | Detalles y consejos de Rodando Van |
|---|---|
| 🚐 Dónde dormir | Pernocta libre muy fácil y segura. Nunca tuvimos problemas para dormir en estaciones de servicio (con duchas y wifi), plazas de pueblos, miradores o junto a ríos. La gente es muy acogedora. Hay pocos campings como tal. |
| 💰 Coste aproximado | €20 – €45 por día para dos personas. El diésel es más barato que en Argentina y Brasil. La comida en mercados locales y los supermercados son económicos. Las actividades turísticas (Itaipú, Misiones Jesuíticas) son asequibles o gratuitas. |
| ☀️ Mejor época para visitar | De abril a septiembre (invierno). Los días son cálidos y agradables y las noches frescas. El verano (diciembre-marzo) es extremadamente caluroso y húmedo, con temperaturas que superan los 40°C fácilmente. |
| ⏰ Tiempo mínimo recomendado | 2 semanas. Te da tiempo a ver Asunción, las Misiones Jesuíticas del sur, Encarnación e Itaipú. Si quieres adentrarte en el Chaco, necesitarás al menos 3 semanas. |
| 🔒 Seguridad | Nos pareció uno de los países más seguros de Sudamérica. Obviamente, hay que aplicar el sentido común en grandes ciudades como Asunción o Ciudad del Este, pero en las zonas rurales la sensación de seguridad es total. |
| Recursos oficiales | Para información actualizada sobre destinos y requisitos de entrada, visita la web de la Secretaría Nacional de Turismo de Paraguay (SENATUR). |
¿Merece la pena desviarse para conocer Paraguay? Para nosotros, rotundamente sí. ¿Y para ti? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!
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